La vida de Lucy Waltz es un hervidero en constante ebullición. Se levanta a las seis, desayuna mientras se viste y conduce hora y media para llegar a la oficina. Asiste a reuniones, negocia presupuestos, redacta informes, revisa balances, diseña estrategias de mercado. Además, trabaja como voluntaria en una ONG, estudia alemán y español, va al gimnasio y recibe clases particulares de informática. Los fines de semana bucea, escala, monta a caballo, juega al golf, toma copas con las amigas.

Y todo para no pensar.

Todo para acostarse rendida y dormirse en el acto, evitando el molesto trámite de enfrentarse a sí misma.

Rubén Abella, “No habría sido igual sin la lluvia”.